Sobrevive a un naufragio gracias a sus implantes de pecho.

Grave suceso con sorprendente final feliz cerca de las Maldivas. En la madrugada del pasado viernes, se desató una tormenta con fuertes rachas de viento, oleaje muy alto y acompañada de abundante aparato eléctrico. Un barco de recreo que se hayaba en la zona no pudo soportar las inclemencias, y terminó hundiéndose.

Casi todos los ocupantes del yate pudieron abandonar la embarcación en el bote salvavidas. Todos menos M. G., esposa del dueño, un magnate estadounidense casado en sus cuartas nupcias con esta señora, de origen balcánico. Nadie supo dónde se encontraba la mujer, y tuvieron que echarse al mar sin que poder ponerla a salvo.

Cuando todos lloraban su pérdida al día siguiente, mirando al mar melancólicamente, se llevaron una de las mayores sorpresas de su vida. El mar estaba devolviendo a la orilla a la náufraga, aunque estaba inconsciente aparentemente. La explicación: los dos implantes de silicona que se había puesto la semana antes en Miami, regalo de boda de su esposo. Y es que ya se sabe, flotan más dos…

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