Los hechos ocurrieron anoche en un municipio madrileño cuando, en mitad del desfile de la Gran Cabalgata de los Reyes Magos, Melchor abandonaba el mismo a la carrera, accediendo a un domicilio y ocasionando la detención de todo el desfile, creando gran expectación y asombro a miles de personas, padres, niños y abuelos que no entendían lo ocurrido, desconociendo el motivo.

Muchos fueron los comentarios que suscitó el hecho entre el afable público, «se habrá enfadado por algo» «estará visitando a un niño impedido o a algún anciano» » habrá entrado a maquillarse o arreglarse la peluca»… Varios controladores del desfile, trajeados y con pinganillos, notablemente nerviosos, se encogían de hombros mirando a Baltasar que era conocedor de lo sucedido.
Nadie adivinó que Juan Carlos, el Rey Melchor, se «cagaba vivo» y al pasar por casa de una hermana, vio los cielos abiertos, sin importarle que miles de personas esperasen unos minutos.

Entre vítores, aplausos y silbidos, Melchor salió del domicilio arreglando su atuendo e incorporándose de nuevo al desfile, que siguió su curso.