Lo que prometía ser la fiesta de sus vidas se convirtió en un infierno para una multitud de jóvenes que acudieron el sábado por la noche a divertirse a la discoteca más famosa de Madrid. Cerca de las 3 de la mañana los empleados de seguridad se vieron obligados a desalojar a todos los clientes de la tercera planta por un olor insoportable que cortaba la respiración y provocó el caos en cuestión de segundos.
En un primer momento se pensó que pudiera tratarse de una bomba fétida o algún artículo de broma como los que se venden en Halloween, pero cuando se procedió a desalojar la sala hubo una única persona entre todos los afectados que no se movía, no presentaba síntomas negativos por el olor y tenía un aspecto bastante sospechoso.
El individuo señalado, un joven de 26 años, reconoció a los porteros de seguridad que había cenado cachopo y tarta de la abuela esa misma noche con un grupo de amigos en un conocido restaurante asturiano de Madrid. Por lo que cuentan, el joven se siente avergonzado y promete no volver a cenar fuerte antes de beber. «Será una buena anécdota para contarle a mis nietos«.