Ramón, vecino de Santander, lleva confinado en casa desde el que el Presidente del Gobierno anunciara el Estado de Alarma. La primera semana se hizo un planning con ejercicios, dieta y tareas diarias para llevar un orden y seguir una rutina sana, pero al séptimo día se cansó de todo y empezó a comer por aburrimiento.
Según ha reconocido el propio afectado, también le gustaba pedir comida a domicilio de forma compulsiva. En una ocasión llegó a pedir tres tipos de cenas diferentes a través e Glovo: “Arramplaba con todo y tenía la nevera vacía. El otro día pizza, kebab y hamburguesa al mismo tiempo y al repartidor que llegó primero le di 1 euro de propina”, asegura.
Lejos de sentirse arrepentido y buscar un remedio, Ramón le echa toda la culpa al virus. “Puta epidemia, si lo se hubiera preferido pillar el bicho. Voy a reventar”. Unas declaraciones que no han hecho ni pizca de gracia a su entorno.