La afición de los chinos por las apuestas alcanza límites insospechados

La afición de los chinos por las apuestas alcanza límites insospechados

Dicen que los chinos están locos por las apuestas, pero, ¿es verdad?, ¿es cierto que han llegado a apostar en partidos españoles de categoría regional?

La respuesta es sí. El amor por el juego y las apuestas en China es absolutamente real y se hizo especialmente patente durante el pasado Mundial de Fútbol de Rusia. La población se lanzó a apostar por internet y la pasión alcanzó límites insospechados. No hay más que tirar de Google para recordar un hecho especialmente curioso. Se trata de la historia de Xiao Cai.

Xiao Cai o la historia del falso secuestro

Xiao Cai es el nombre de una joven que vive en la ciudad de Wuxi, más conocida como el pequeño Shangai. Durante el pasado Mundial de Fútbol 2018, la joven perdió bastante dinero y sus padres no quisieron asumir la deuda. Entonces no se le ocurrió otra cosa que simular un secuestro. Se refugió en casa de una amiga y envió una nota a sus padres haciéndose pasar por un secuestrador. En la nota exigía el pago de 3.200 dólares a cambio de su libertad. De lo contrario, seguía la nota, sería obligada a trabajar de prostituta.

La policía hizo sus pesquisas y pronto averiguó la verdad. Xiao Cai no estaba secuestrada; quería el dinero para saldar la deuda y para seguir apostando en el mundial.

Apuestas: el deporte nacional en China

El caso de la joven Xiao muestra el fanatismo al que llegan muchos jóvenes chinos en relación con las apuestas. En China, las apuestas están consideradas “el deporte nacional”, se apuesta a todo y no hace falta tener conocimientos sobre las ligas deportivas o la clasificación de los equipos en las distintas competiciones; lo que cuenta es jugar.

Y ¿cómo se apuesta? Hay dos maneras de hacerlo: la legal, a través de los centros de apuestas deportivas impulsados desde el propio gobierno chino, o en casas de apuestas al margen de la ley. Luego está la actividad en la red, que está creando malestar entre los dirigentes del país. En más de una ocasión, los gobernantes se han mostrado preocupados por la “fuga de capitales” que representa para ellos el juego en internet. Es dinero que no revierte en las arcas del estado y es ahí donde está el verdadero problema.

Macao, el paraiso asiático del juego

La euforia por las apuestas durante el mundial tuvo consecuencias en Macao, la comunidad semiautónoma de China donde el juego es legal. Los ingresos descendieron en junio casi un 4% porque la población estaba más pendiente de las apuestas de fútbol que de la actividad en los casinos.

Pero Macao no solo perdió dinero con el Mundial, también se resiente de las restricciones al juego que aplican los gobernantes. En China el juego es ilegal, y aunque Macao es una excepción y allí sí está permitido, no puede sustraerse del todo de las políticas gubernamentales. La ley anticorrupción puesta en marcha en 2015 afectó negativamente al negocio, pero los casinos lograron sobrevivir. El negocio del juego en “Las Vegas de Oriente” sigue disfrutando de buena salud y continúa atrayendo anualmente a millones de visitantes.

De la tradición a los juegos online

La eclosión del juego en la red ha multiplicado la afición en China. Las apuestas deportivas, los juegos de poker gratis y con dinero, y los denominados e-sports (League of Legends, etc.) constituyen hoy en día uno de los principales divertimentos de la población china.

Pero al lado de estas tendencias vinculadas a las nuevas tecnologías conviven otros juegos tradicionales, presentes en calles y plazas. Son actividades en pequeño comité, que ni la prohibición del juego en China han conseguido aniquilar.  Una de ellas es el ajedrez chino, al que se dedican con entusiasmo muchas personas mayores. Las partidas se disputan en plena calle y suelen llamar la atención de los turistas. En cualquier rincón se puede ver a un grupo de hombres mayores concentrados en el tablero o comentando las jugadas. También hay grupos que juegan a las cartas, aunque no son tantos como los aficionados al ajedrez.

Pero el juego más conocido y extendido en el país es el majiang o mahjong, en el que intervienen 4 personas. Se compone de 144 fichas con diferentes números, símbolos y caracteres y, aunque en apariencia es simple, requiere buenas dosis de habilidad y estrategia.

El majiang es un juego de carácter familiar que no suele faltar en la celebración del Año Nuevo. También está presente en otros acontecimientos familiares, como por ejemplo las bodas. Pero pese a ese componente de tradición, también tiene una vertiente luctuosa. En algunas ocasiones, la combinación de alcohol y mahjong ha estado detrás de reyertas de dimensiones importantes. Ha habido jugadores que han apostado sus casas y las han perdido y ha habido desórdenes públicos que  han obligado a intervenir a los agentes del orden. Por eso las autoridades decidieron en su día prohibir el juego en las calles.

Pero las restricciones gubernamentales no han acabado ni mucho menos con el majiang. De hecho, es muy habitual ver comunidades de vecinos que organizan partidas vespertinas y también está presente en numerosos  salones de juego clandestinos. Aunque el juego esté prohibido en China, siguen funcionando clubes en muchas porblaciones.

¿Y el juego de los chinos?

El popular juego de los chinos que conocemos en España curiosamente no tiene nada que ver con China. En realidad, su origen se le atribuye a un pastor leonés a finales del siglo XVIII. Según cuentan los aficionados, el juego lo inventó Felipe Valeón Triguero, quien en sus largas horas de pastoreo ideó un sistema para entretenerse. Cogió tres chinas (piedrecitas pequeñas) e invitó a otros pastores a hacer lo mismo. Los participantes debían esconder en una mano de 1 a 3 piedrecitas y adivinar después la cifra de chinas acumuladas entre todos los jugadores.

Con la trashumancia, el juego se fue extendiendo por todo el territorio español. Doscientos años después, el bisnieto de Valdeón recuperó la tradición e impulsó el Campeonato Nacional de Chinos. Hoy en día todavía se oye el argot del juego en algunos puntos de Madrid, León, Bilbao o Salamanca.

 

 

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