La importancia de elegir imágenes de calidad en tu cartel de publicidad

Como suele decir el dicho popular, una imagen vale más que mil palabras y los carteles publicitarios se nutren de esta máxima. Así se crean mensajes impactantes, que llamen la atención y que, en última instancia, consigan el objetivo perseguido en el público al que se dirigen. Ante esta premisa, las imágenes que se han de usar para la composición del cartel publicitario deben ser de alta calidad, tanto por su contenido como por su formato.

En cuanto al contenido de la imagen, su calidad residirá en lo acertado que transmita el mensaje. Es decir, que la elección de una fotografía o composición creativa debe ser debidamente pensado y preparado. Pero en la cartelería publicitaria, la calidad de la imagen en cuanto a su formato es sumamente importante, pues dará una imagen de profesionalidad y trabajo. Para transmitir estos valores, se deben evitar por descontado imágenes con mala calidad, pixeladas, borrosas, oscuras o de tamaños inferiores al adecuado para el formato que se esté trabajando.

Para conseguir unos estándares de calidad en el resultado final, los materiales brutos deben cumplir una serie de pautas que eviten precisamente una experiencia negativa:

Adecuar el formato al medio: si la cartelería no es digital y está destinada a publicidad exterior e impresa, los materiales deben estar preparados para ello. Esto quiere decir que los archivos pesarán más, porque su tamaño en centímetros será mayor y la resolución será mayor. Para este fin, cuanto más calidad tenga la imagen, mejor será el resultado. Los puntos por pulgada recomendados para realizar una impresión son 300 ppp. De esta forma, cualquier diseñador que vaya a trabajar con el archivo en cuestión, podrá realizar las modificaciones necesarias sin temor a perder calidad y, una vez hechas, la imprenta podrá tener la tranquilidad de tener un material apto para su impresión.

El tipo de imágenes a usar: las imágenes fuente que se usen en la composición del cartel, para que cumplan la pauta anterior, tendrán que tener una extensión lo más pura posible, sin comprensión. Si la imagen principal es, por ejemplo, una fotografía, lo ideal es que el archivo original del que se parta sea un RAW. Esto sería el equivalente al negativo clásico de toda la vida y dependiendo de la cámara con la que se obtenga tendrá una extensión diferente, pero mantendrá toda la información de la imagen en el momento de captarla: valores de saturación, brillo, colores… Así, el diseñador o maquetador que la use tendrá muchos más elementos con los que trabajar y que resaltar en el cartel final. Otra opción existente ante la duda del tamaño a usar es elegir imágenes vectoriales. Este tipo de archivos puede venir en diferentes formatos más estándar o conocidos, pero están creados de tal forma, que el aumentar o disminuir el tamaño no afecta a su resolución. Así no se corre el riesgo de pixelar el arte final si se cambian las medidas durante el proceso de creación.

Para impresión, hay que trabajar siempre en CMYK: esta acepción se refiere a la gama básica de colores Cian, Magenta, Amarillo y Negro. Son los cuatro colores principales de los que parten el resto de gama cromática y la mayoría de las imprentas usan estos básicos para crear todos los tonos, por lo que respetar esta guía ayudará a que, en el momento de ver el cartel impreso, no difiera de lo que se había configurado previamente en el ordenador. Para trabajos web, se suele usar más el RGB (rojo, verde y azul), por los píxeles de luz que tienen los monitores. Si se utilizan los diferentes sistemas de colores para el fin incorrecto, el resultado puede ser desastroso.

Usar la orientación adecuada: en el momento de la composición, la calidad de la imagen también estará reflejada en su orientación. Una imagen vertical u horizontal está destinada a formatos completamente diferentes y usarlas en el que no es puede hacerle perder calidad. Ambas tendrán que rellenar los huecos faltantes y hacerlo de forma digital hará que se noten en el resultado estos parches.

La cartelería publicitaria se considera casi un género creativo, debido a la larga historia con la que cuenta. Es el formato por excelencia, habiéndose usado desde los albores de la publicidad y, a lo largo de las décadas, se han creado auténticas obras de arte que han pasado incluso a la posteridad como estandartes de momentos históricos. En la época actual, las técnicas se han modernizado y la creación, debido a la saturación del mercado, se ha convertido en un fast food. Sin embargo, no se debería perder de vista el enfoque más clásico para así, tratar de convertir una simple cartelería en un referente publicitario que impacte de verdad en su público. De esta forma, cualquier empresa puede conseguir los objetivos buscados con sus campañas.

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